Pablo y Sílas en Filipos

Hechos 16:11-40

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Mientras Sáulo viajaba por todo el Imperio Romano, empezó a usar su nombre romano, “Pablo.” Un día, Pablo y su amigo Silas fueron a la ciudad de Filipos para anunciar las buenas noticias acerca de Jesús. Ellos fueron a un lugar cerca del río afuera de la ciudad donde la gente se reunía para orar. Allí conocieron a una mujer llamada Lidia, que era comerciante. Ella amaba y adoraba a Dios.

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Dios tocó el corazón de Lidia para que creyera el mensaje acerca de Jesús, y ella y su familia fueron bautizadas. Ella invitó a Pablo y a Silas a que se quedaran en su casa, así que, ellos se quedaron con Lidia y su familia.

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Pablo y Silas muchas veces se reunían con la gente en el lugar de oración. Cada día mientras caminaban allá, una niña esclava endemoniada les seguía. Por medio de este demonio ella decía el futuro a la gente, así, ella ganó mucho dinero para sus señores como una adivina.

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La niña esclava siguió gritando mientras ellos caminaban: “¡Estos hombres son siervos del Dios más Alto. Ellos les están diciendo el camino para ser salvados!” Ella hizo esto tan seguido que Pablo se molestó.

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Finalmente un día cuando la niña esclava empezó a gritar, Pablo se volvió hacia ella y dijo al demonio que estaba en ella: “En el nombre de Jesús, sal fuera de ella.” Inmediatamente, el demonio la dejó.

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¡Los dueños de la niña esclava se pusieron muy enojados! Ellos se dieron cuenta que sin el demonio, la niña esclava no podría adivinar el futuro. Esto quería decir que la gente ya no pagaría más dinero a los dueños para que ella les dijera lo que pasaría con ellos.

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Así que, los dueños de la niña esclava llevaron a Pablo y a Sílas a las autoridades romanas, quienes les azotaron y les echaron a la carcel.

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Ellos pusieron a Pablo y a Sílas en la parte más segura de la prisión e incluso pusieron cadenas a sus pies. Aún así en el medio de la noche, ellos estaban cantando alabanzas a Dios.

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¡De repente, hubo un violento terremoto ! Toda las puertas de la cárcel se abrieron, y las cadenas de los prisioneros se cayeron al suelo.

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El carcelero se despertó, y cuando vio que las puertas de la cárcel estaban abiertas, ¡él se asustó mucho! El pensaba que todos los prisioneros se habían fugado, así que él pensó en quitarse la vida. (El sabía que las autoridades romanas le matarían si él permitía que los prisioneros se escaparen.) Pero Pablo le vio y gritó: “¡Deténgase! No se haga daño. Todos estamos aquí.

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El carcelero temblaba mientras se acercaba a Pablo y a Sílas y preguntó: “¿Qué debo hacer para ser salvado?” Pablo le respondió: “Cree en Jesús, el Señor, y tu y tu familia serán salvos.” Entonces, el carcelero llevó a Pablo y a Sílas a su casa para lavar sus heridas. Pablo les predicó las buenas noticias de Jesús a todos en la casa.

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El carcelero y su familia creyeron en Jesús y fueron bautizados. Entonces, el carcelero dio a Pablo y a Sílas comida y se alegraron todos juntos.

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Al día siguiente, los líderes de la ciudad liberaron a Pablo y a Sílas de la cárcel y les pidieron que se fueran de Filipos. Pablo y Silas visitaron a Lidia y algunos otros amigos, entonces, se fueron de la ciudad. Las buenas noticias acerca de Jesús continuaron extendiéndose, y la iglesia siguió creciendo.

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Pablo y los otros líderes cristianos viajaban a muchas ciudades, predicando y enseñado a la gente las buenas noticias de Jesús. Ellos también, escribieron muchas cartas para animar y enseñar a los creyentes en las iglesias. Algunas de las cartas llegaron a ser libros de la Biblia.

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