Pedro y Juan Sanan a un Mendigo

Un día, Pedro y Juan iban al Templo. Al acercarse a la puerta del Templo, vieron a un paralítico que estaba pidiendo dinero.

Hechos 3:1-4:22

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Pedro miró al paralítico y le dijo: No tengo nada de dinero para darte. Pero te daré lo que tengo. ¡En el nombre de Jesús, levántate y camina!

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Inmediatamente, Dios sanó al paralítico, y él comenzó a caminar, saltar, y alabar a Dios. La gente en el patio del Templo estaba asombrada.

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Mucha gente vino rápidamente para ver al hombre quien había sido sanado. Pedro les dijo: ¿Por qué están asombrados que este hombre fue sanado? Nosotros no le sanamos por nuestro propio poder o bondad. Más bien, es el poder de Jesús y la fe que Jesús da lo que ha sanado a este hombre.

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Ustedes fueron los que dijeron al gobernador romano que matara a Jesús. Ustedes mataron al que dá la vida, pero Dios le levantó de los muertos. Aunque ustedes no entendieron lo que estaban haciendo, Dios usó sus acciones para cumplir las profecías que dicen que el Mesías sufriría y moriría. Así que ahora, arrepiéntanse y regresen a Dios para que sus pecados sean perdonados.

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Los líderes del Templo estaban muy enojados por lo que Pedro y Juan estaban diciendo. Así que, los detuvieron​ y los pusieron en la cárcel. Pero muchas personas creyeron el mensaje de Pedro, y el número de los hombres que creyeron en Jesús aumentó cerca de 5,000.

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Al siguiente día, los líderes judíos trajeron a Pedro y a Juan frente al sacerdote principal y a los otros líderes religiosos. Ellos preguntaron a Pedro y a Juan: ¿Con qué poder han sanado a este hombre paralítico?

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Pedro les contestó: Este hombre parado ante ustedes fue sanado por el poder de Jesús, el Mesías. ¡Ustedes crucificaron a Jesús, pero Dios le levantó a la vida otra vez! ¡Ustedes lo rechazaron, pero no hay otra manera de ser salvos excepto por el poder de Jesús!

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Los líderes estaban asombrados de que Pedro y Juan hablaran con tanta valentía porque sabían que estos hombres eran hombres ordinarios, que no estaban educados. Pero ellos recordaron que estos hombres habían estado con Jesús. Después de amenazar a Pedro y a Juan, los dejaron ir.

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